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La Diferencia del Liderazgo Consciente

¿Qué diferencias existen entre los 50 mejores tenistas del mundo? A nivel de técnica de juego las distancias son realmente mínimas. Todos ellos son excelentes en lo suyo, performers sobresalientes. Entonces, ¿por qué los que copan las primeras posiciones de los rankings y ganan los grandes campeonatos son casi siempre los mismos nombres? ¿Qué hace distintos a Nadal, Federer o Djokovic del número 10 o 50 de la ATP? No es el juego; es su fortaleza mental y su nivel de consciencia para hacer siempre lo que hay que hacer.

Cuando sabemos exactamente lo que funciona y lo que no en cada circunstancia y no perdemos la consciencia de nuestros actos por precipitación o desequilibrios emocionales, cuando somos dueños de nuestros comportamientos, somos capaces de movernos con la asertividad, precisión y maestría de los deportistas de élite. Sucede en el tenis y sucede también en todos los órdenes de la vida, empezando por el de la empresa, la dirección de personas y la venta.

Tengo que empoderar a los miembros de mi equipo, o motivarlos, o aumentar su trabajo en equipo, o su innovación, o que sean impulsores de cambios…: ¿Pero por dónde empiezo?

Los directivos que desarrollan un buen nivel de autoconsciencia, de autogobierno sobre los propios comportamientos, que se disciplinan para aplicarse en lo que realmente funciona y han decidido cambiar conforme a ello son los Nadal o Federer del entorno empresarial. Quizás no parezcan tan diferentes del resto, no parezca que hagan cosas extraordinarias ni apliquen técnicas prodigiosas, sólo hacen perfecto todo lo sencillo, y así gestionan excelentemente lo complejo, y así sus logros dicen que sí son diferentes.

Pero, ¿por dónde empiezo?

A los directivos de hoy se les exigen gestiones de todo tipo con las que muchos de ellos no saben lidiar. “Tengo que empoderar a los miembros de mi equipo, o motivarlos, o aumentar su trabajo en equipo, o su innovación, o que sean impulsores de cambios…: Pero, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debo hacer de forma distinta desde mañana para conseguirlo?”. Es frecuente que no sepan conectar los grandes objetivos con los pequeños comportamientos cotidianos, que son los que al final resultan determinantes del verdadero ejercicio del liderazgo. No son del todo conscientes del grado de influencia que ejercen cada día a través de cosas tan pequeñas como la manera de contestar un correo, un WhatsApp o saludar al llegar a la oficina.

Conocen la teoría porque se la han leído e incluso han hecho varios cursos, pero no han integrado eso a sus comportamientos ni interiorizado su significado. Así que sobreviven haciendo lo que pueden, haciendo las cosas según cada momento les dicta, sin criterio, sin referencias precisas, dando en muchos casos palos de ciego. Unas veces metiendo la pata, y otras acertando, resolviendo, pero sin una idea definida de cuál ha sido el detonante del éxito o fracaso obtenidos ni al antes y después que marcó la diferencia. De esta forma en una nueva situación futura semejante no conseguirán hacerlo y deberán improvisar de nuevo. Porque no son del todo conscientes de qué fue aquello que hicieron tan bien. Y a la inversa, aprender de los errores del pasado será misión casi imposible, porque no contarán con un criterio que actúe como regulador, como guía, como buena práctica registrada.

Son los mejores y aun así se concentran y repiten sus rutinas en cada saque, para arrancar de forma excelente, y justo por eso son los mejores

La clave es ser consciente de cómo funcionan las cosas y aplicarlo a los propios actos y los comportamientos que los movilizan. Quizás para seguir haciendo las cosas que uno ya hacía, pero usándolas de forma totalmente diferente, más oportuna, más fina, más eficaz.

Ser un ‘Directivo Nadal’

Antes se trabajaba sin saber muy bien el cómo, pero cuando ejerces el liderazgo de manera consciente, cuando diriges tus comportamientos después de entenderlos, engranarlos, conocer el efecto de lo grande y lo pequeño y cómo se interrelacionan entre sí, logras algo tan potente como dirigirte mejor a sí mismo, sin que el momento, el entorno o los de alrededor tomen las riendas de tus decisiones y tus actos.

Aprendes a dominar tus pensamientos, tus visiones, tu influencia en ti mismo y en los demás. A partir de ese momento se abre un mundo de posibilidades inéditas: analizar las experiencias pasadas, aprender de las prácticas de otros, modular lo que haremos en el futuro. Todo ello con el objeto de desarrollar una forma de trabajo coherente, profesional y sostenida en el tiempo. Mucha preparación, criterio y muy poca improvisación sobre la nada: así trabajan los Nadales de la calidad directiva. Son los mejores y aun así se concentran y repiten sus rutinas en cada saque, para arrancar de forma excelente, y justo por eso son los mejores. Así de simple, y así de complejo. Los mejores deportistas son los que logran que parezca enormemente sencillo lo que hacen. Los demás no llegamos a ese nivel de excelencia simple, los demás complicamos las cosas por no tener el don, la técnica y el arte de hacer bien cada una de las partes y conjuntarlas con maestría.

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