Opinión

Los últimos dinosaurios sobrevivientes

Al referirme al mundo de Internet en nuestra profesión, no se si deba utilizar los términos evolución, revolución, terremoto o cataclismo.

Hoy los agentes de viajes tradicionales nos sentimos como se debieron sentir los fabricantes de carrozas, faetones y carruajes, cuando aparecieron los primeros automotores en serie. Hablo de empresarios a quienes con los años, la única clientela que les iban a quedar, fueron algunas familias reales, príncipes y grandes duquesas, quienes hoy en día hacen uso de esos vehículos solamente para ceremonias oficiales. O sea, les quedo una clientela muy restringida.

A nosotros nos quedaban algunas personas reacias a tener computador en su casa y otras más a quienes, como a mí, en el colegio nos trataron de enseñar a pensar y no a ser mecanotaquígrafos, ni siquiera a escribir a máquina con dos dedos… ¡Somos los últimos dinosaurios sobrevivientes!

El auge del mundo cibernético y de la comunicación virtual

Cuando apareció Internet nos sentimos muy confiados.  Siempre recuerdo el caso de una clienta de una importante organización multinacional cuyo nombre no divulgaré en esta ocasión, cuya fidelidad fue adquirida de por vida cuando convertí mi casa en una guardería para sus queridos perros. Mi raciocinio era: internet nunca nos va a competir cuidando perros.

Hoy en día ya no tengo la misma certeza. De hecho ya existen hoteles para perros. Pero quizá ya nadie se atrevería a pedirme cuidar un perro porque saben que ya hay una decena en mi casa.

El auge del mundo cibernético y de la comunicación virtual llegó a tal extremo, que el otro día en una de nuestras centrales de reservas, un empleado se ganó una vaciada porque se atrevió a llamar a un cliente con quien estaba chateando, para tratar de entender de viva voz qué era lo que quería. El cliente le ordenó colgar y seguir chateando.

La reacción del cliente debió ser parecida a la de un transeúnte que hubiera podido ser tocado por un leproso en Agua de Dios hace 50 años. Nuestro colaborador se había atrevido a hablarle en directo, a tener un contacto real y no virtual con el cliente para extraerlo de su hermético mundo cibernético.

Ese día empezó mi preocupación y por qué no decirlo, mi calvario profesional. Y eso que conozco muy bien la lección y la respuesta: En las cátedras que dicto al respecto, siempre explico que las empresas que sobreviven  NO SON LAS MÁS INTELIGENTES, LAS MÁS FUERTES, LAS MÁS MODERNAS O LAS MÁS RICAS, sobreviven las que mejor se adaptan.

Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas

Hasta hace un tiempo creí que entendía lo que me decían mis empleados acerca de ese tema, pero el otro día llegó un colaborador de nuestro Departamento de Negocios Electrónicos y me comentó que necesitaba le aprobara la contratación de unos cargos disque de Operador de Noc, Desarrollador Senior QA Automatización, Desarrollador Web para SEO, Cargo de Algoritmos de Forecasting o Tarotista de resultados comprobados, Científico de datos, Ingeniero de software de riesgos de pagos…Ese día me sentí en otro mundo y se me vino a la mente que tal vez era tiempo en hacer uso de mi pensión de jubilación o lo que los militares  llaman “pasar a uso de buen retiro”.

¿A quién le interesa hoy que los tintos sean servidos en bandejas de plata, el terrón de azúcar con unas pinzas y el té de preferencia con guantes blancos?  Tal vez eso solamente era importante para doña Imelda de Brigard Q.E.P.D. y mi difunta tía Anita.  Igual sucede con los demás temas que me atañen, tales como: limpieza de las alfombras, las huellas de dedos en las paredes, toallas limpias en los baños y escritorios ordenados.

Afortunadamente la empresa tiene personal muy capaz en todos esos campos de negocios electrónicos: Han diseñado páginas de Internet en nuestra Organización, que gracias a su rapidez y funcionalidad cumplen todos los requisitos para dialogar e interactuar con lo más moderno de las nuevas generaciones.

Como dijo alguna vez un Presidente amigo, “Bienvenidos al futuro”, o sea en mi idioma: “Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas”.

Jean-Claude Bessudo

Redacción APD
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