Diferencias claves entre auditoría y “Due Diligence”

Es habitual que los empresarios y personas confundan auditoría con Due Diligence

05-12-2017
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KPMG

La Sra. Shirley Martínez, gerente de KPMG Colombia, nos comparte las principales diferencias entre los dos conceptos

Diferencias claves entre auditoría y “Due Diligence”

Es habitual que los empresarios y personas confundan auditoría con Due Diligence, y en muchas ocasiones se ejecuten servicios de auditorías sin el enfoque adecuado en procesos de transacciones, que requieren precisamente un acompañamiento especializado para identificar asuntos que puedan impactar el negocio.

El interés real de un potencial inversor/adquiriente en el marco de un proceso de compra y venta de compañías, se materializa usualmente mediante la firma de una “Carta de intención” (“LOI” – Letter of Intent, por sus siglas en inglés), o a través de una oferta no vinculante. Dichos documentos, indican que el interés de adquirir la totalidad o parte de una organización implica el cumplimiento de ciertas condiciones, dentro de las cuales se establece la necesidad de realizar una revisión exhaustiva, proceso que se denomina Due Diligence o “Debida Diligencia”. Este procedimiento puede incluir aspectos tributarios, laborales, legales, de IT, entre otros, buscando confirmar variables del modelo financiero o identificar “Deal Breakers”. Es común que  esta revisión  se confunda con una auditoría.

En una auditoría se emite una opinión sobre la razonabilidad de las cifras de los estados financieros, de acuerdo con unos principios de contabilidad generalmente aceptados. Para la emisión de dicho concepto se requiere de un proceso que puede durar meses y que tiene diferentes fases (planeación, revisión preliminar y cierre) e igualmente, se establece un monto de materialidad, se efectúa una revisión documental basada en muestreos, y normalmente su alcance se establece en cumplimiento de la normatividad (revisoría fiscal o auditoría externa).

En un due diligence se busca “normalizar” las cifras de los estados financieros. Esto quiere decir, lograr identificar cómo el ingreso puede ser sostenible al igual que la rentabilidad, identificando ingresos o gastos no recurrentes que afecten el nivel normal del negocio o incluso reconociendo gastos operativos que son considerados por los contadores y directores como no operativos y de esta manera se ajusta el EBITDA (Utilidad antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización) o el indicador que se haya escogido para determinar el precio de la transacción (por ejemplo, capital de trabajo o deuda neta).

Al normalizar el capital de trabajo se tiene en cuenta aquéllos activos y pasivos corrientes que directamente se generan por la operación y se analiza qué aspectos puede impactar estos saldos como por ejemplo, el nivel de obsolescencia del inventario y problemas en la capacidad de cobro de las cuentas por cobrar. Para determinar la deuda, se realizan las indagaciones necesarias para identificar potenciales obligaciones/pasivos omitidos no reflejados en los estados financieros o que signifiquen obligaciones futuras.

Sumado a lo anterior, en un Due Diligence se hace un análisis de los principales aspectos del negocio, como su participación en el mercado, principales cifras financieras y drivers para generarlas, entre otros aspectos. Contrario a la auditoría, un proceso de Debida Diligencia tipo puede durar 4 semanas en promedio, a veces puede llegar a ser más largo dependiendo del proceso (no hay una regla específica), teniendo en cuenta las restricciones de tiempo que normalmente hay para este tipo de procesos.

Este proceso, también sirve para identificar potenciales riesgos que pudieran impactar el negocio objeto de la transacción, en muchas ocasiones estos riesgos se pueden manejar o asumir mediante condiciones al contrato final de compra-venta o definitivamente pueden ocasionar el rompimiento de toda negociación (“Deal Breaker”).

Podría decirse que el principal propósito, es reducir el riesgo de la transacción aportando al comprador un análisis objetivo y detallado del negocio y estimando la existencia de posibles pasivos ocultos o contingencias en todas las áreas de estudio o revisión (calidad de la deuda).

Otras razones, podrían ser:

  1. Establecer una estrategia coherente e informada de “post-transacción”,
  2. Identificar y cuantificar sinergias que puedan ser explotadas por quien pretende comprar/invertir,
  3. Identificar cualquier pasivo omitido al respecto de las garantías aportadas mediante el contrato de compra-venta, asuntos accidentales o posibles contingencias fiscales, legales, y
  4. Determinar posibles contingencias medioambientales así como laborales referidas al personal del negocio, entre otros.


En otras palabras, es importante tener un adecuado acompañamiento durante la planeación, ejecución y cierre de una transacción, debe realizarse de una manera informada y oportuna, siempre de la mano de un equipo experto que lo asesore en todo momento y que lo guíe en la toma de decisiones.

Para mayor información, contactar al equipo de Deal Advisory de KPMG en Colombia.

Por: Shirley Martínez, Gerente KPMG en Colombia

 

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